¿Por qué nos interesa tanto la normalidad?

Mikel Jiménez (11/marzo/2010)
psicologo@frecuenciaalterna.com
¿Por qué la gente pretende ser sexualmente normal si algunas situaciones no tienen consecuencias nocivas? Creo que hay tres razones interesantes.
- En primer lugar, siglos de imposición religiosa, ahora transferida al lenguaje médico, han convencido a las personas de que los deseos, acciones o intereses sexuales “anormales” son siempre signos de perturbación mental o física, pese a la limitación de datos que respalden este supuesto.
- La segunda razón vincula una sexualidad adecuada con el éxito de una relación y las inquietudes modernas acerca del divorcio y la ruptura. ¿Suscitan al divorcio los problemas e insatisfacciones sexuales? Los consejeros y terapeutas conyugales afirman que la insatisfacción sexual es a menudo consecuencia más que causa de perturbaciones maritales. Un estudio, al que se cita con frecuencia (aparecido en la prestigiosa publicación New England Journal of Medicine), sobre cien parejas que se autodefinen como “felices” descubrió que en la mayoría de los casos existía una especie de difusión en la excitación o en el orgasmo; no obstante, las parejas se consideraban felices en términos tanto sexuales como no sexuales. Con esto no se pretende decir que sean triviales los problemas o incompatibilidades sexuales sino que sólo rara vez constituyen la clave de una relación.
- La tercera, y creo que más importante razón de que la gente recalque la importancia de la normalidad sexual, tiene que ver con la necesidad de una conformidad social. El empleo actual de normal constituye un código de lo que socialmente está bien, lo adecuado y habitual. El individuo medio utiliza la palabra según una cierta interpretación cultural-estadística. Lo que una persona sienta acerca de sí misma depende de un grado enorme de las comparaciones que establezcan con los demás.
La comparación social es el proceso a través del cual cada uno evalúa su satisfacción y adecuación no en términos de cierta norma singular e interna, sino examinando los que otros consiguen y hacen. ¿Cuántas veces no han visto anuncios con los últimos descubrimientos en la portada de una revista o de un libro de bolsillo dedicado a temas de sexualidad?
Los medios de comunicación han creado una clase de “expertos” en sexo que escriben columnas en revistas, dispensan orientaciones en la radio, hablan en televisión y publican al parecer una serie al parecer interminable de libros con preguntas y respuestas para quienes se sienten sexualmente perplejos. En el afán del público por alcanzar una “normalidad” sexual, esos profesionales de la salud han reemplazado así a los dirigentes religiosos y morales.
Es por todo esto que las nociones de la normalidad no siempre coinciden con otras personas, otros países, regiones, culturas, religiones y periodos históricos.
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