El por qué del Carnaval
Nadia Rosso (14/junio/2010)
nadia@frecuenciaalterna.com
La mayor parte de las críticas y objeciones que se hacen a la Marcha del Orgullo LGBTTT versan sobre su carácter “carnavalesco”. Frases como “se ha convertido en un carnaval” son frecuentes incluso – o sobre todo- en miembros de la comunidad LGBT. Este tipo de comentarios generalmente van de la mano con la idea de que no es una marcha, pues una marcha tiene connotaciones políticas claras, y esta despolitización se considera una devaluación del evento.
Ahora, demos una pequeña ojeada a lo que la palabra carnaval significa. Para la Real Academia de la Lengua Española, el carnaval se define de la siguiente manera:
carnaval.
(Del it. carnevale, haplología del ant. carnelevare, de carne, carne, y levare, quitar, y este calco del gr. ἀπόκρεως).
2. m. Fiesta popular que se celebra en tales días, y consiste en mascaradas, comparsas, bailes y otros regocijos bulliciosos.
3. m. despect. Conjunto de informalidades y actuaciones engañosas que se reprochan en una reunión o en el trato de un negocio.
ser un ~ una reunión de personas.
1. loc. verb. coloq. Ser muy alegre y ruidosa.
Ahora, dejando de lado el sentido religioso que originalmente tiene, retomemos de su significado la parte que se refiere a la fiesta, al bullicio, la alegría. Hoy en día es con estos elementos con los que se relaciona directamente el carnaval, sin importar tanto el significado religioso.
Entonces, el carnaval es una fiesta. ¿Pero qué distingue al carnaval de cualquier otra fiesta? Justo en ello radica la importancia de éste como manifestación pública. Porque ciertamente nadie reprocha que la marcha se haya convertido en una fiesta o una celebración. La peculiaridad implícita en la palabra “carnaval” es, al mismo tiempo la que puede condenarla o reivindicarla.
Para ejemplificar esta paradoja, pretendo tomar como modelo al teórico ruso Míjail M. Bajtín, quien rescata de forma interesante la función política del carnaval.
Las caracterísiticas del carnval van más allá de que se trata de una fiesta o una celebración. En esta celebración está siempre el elemento de transgresión de las normas. Por ejemplo, la coronación del “rey feo”, común en los carnavales, nos habla de una ruptura con el orden preestablecido. Se juega con lo que “debe ser”, desdibujándolo con ironía y sarcasmo. Este es, para Bajtín, el elemento más importante del carnaval. No se trata sólo de romper las reglas, sino más bien de invertirlas. Esto resulta en una sátira o crítica de las mismas reglas y los parámetros sociales. Para complementar, está el elemento de lo grotesco, de la burla. De ello se encargan los disfraces, máscaras, y las actitudes exageradas, también enfocadas en la inversión de los estándares sociales. La carga satírica se avoca también a la crítica de la hipocresía en la sociedad. Por ejemplo: satirizar a algún personaje religioso mediante un disfraz que represente algo moralmente opuesto a lo que este personaje debiera representar, significa exhibir y condenar su hipocresía.
Estos elementos son muy importantes, pero tal vez más importante es el efecto que producen. En el carnaval cada quien es libre de ser a su modo, libre de expresar su descontento con la sociedad, de dejar oír su voz como quiera expresarse. Y todo ello de una forma única, idiosincrásica, en plena libertad individual.
Esto lleva a otro elemento importante del carnaval: el sentimiento de familiaridad. En el carnaval, en el momento en el que éste se lleva a cabo, todas las personas participantes son una mismo, todas son el carnaval. Son cómplices dentro de su pequeña representación del mundo, dentro de su pequeño universo donde las cosas no son como son sino como ellas quisieran que fueran: los parámetros preestablecidos se eliminan, las jerarquías desaparecen, las diferencias se desvanecen, y por ese efímero momento, todas son iguales, todas son una gran familia carnavalesca que los envuelve y separa del mundo real por unos momentos.
¿Que la Marcha LGBTTT se ha convertido en un carnaval? Efectivamente tiene muchos elementos carnavalescos. ¿Que eso la degrada? En absoluto. ¿Quién que haya ido a alguna marcha, no ha sentido realmente empatía, unión con las demás personas marchantes, cuando algún curioso los mira con horror o les grita algún insulto? En la marcha, todas las personas somos una, unidas para caminar con la frente en alto sin importar la hostilidad que nos rodea. Lo que nos une nos hace fuertes, y el carnaval favorece este sentimiento de unidad.
Ahora es el momento en el que yo me pregunto ¿podría haber una mejor manera para que la comunidad LGBTTT se manifestase, que no fuera el carnaval? Una comunidad diversa, heterogénea, marginada, discriminada, estigmatizada, estereotipada, cuyo único punto en común es el deseo de amar libremente, de una forma distinta a la convencional. Esta comunidad, que desea que los parámetros se abran, que las normas no la abatan, que desea ejercer su libertad ¿no acaso debe expresar su descontento con crítica, sátira, burla, libre expresión? ¿no acaso mediante un acto de festividad diversa, alegría bulliciosa, pues busca la libertad de amar?
Sé que existe también el elemento mercantil que hace que la marcha pueda utilizarse como mercancía. Efectivamente creo que debemos recatar la marcha, nuestra marcha, la marcha que es de todas las personas disidentes sexuales, de las garras del mercado. Pero no confundamos: la mercantilización de la marcha, y la carnavalización no son la misma cosa. La marcha como carnaval siempre ha tenido y tiene, elementos políticos. Borrar los tintes carnavalescos de la marcha sería quitarle una de sus más grandes virtudes: su capacidad satírica de crítica política, y el elemento festivo, tan entrañable y necesario.
Sin embargo, la población LGBT es diversa, mucho más diversa de lo que cabe en el carnaval, y por lo tanto habrá quienes crean que manifestarse de ese modo no se apega a sus ideologías. Esta postura es igual de válida que cualquier otra. Sin embargo, antes de condenar al carnaval como algo frívolo y banal, primero habrá que reflexionar sobre su trasfondo y consistencia. A fin de cuentas, el carnaval no es para todos, sólo para las personas disidentes festivas.



