Esta guía va de culo…
15 enero, 2012 – 2:58 PM | Sin comentarios

En esta guía encontrarás todo lo que nunca te han contado sobre tu culo: con un diseño y presentación atrevidos, esta guía trata sobre esa parte de la anatomía masculina y también se incluyen informaciones que van desde lo más físico o anatómico a lo cultural y psicológico.

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La homofobia no es un chiste

Escrito por el 14 mayo, 2010 – 6:00 AMUn Comentario
La homofobia no es un chiste

Dan G. Ochoa (14/mayo/2010)
danyboy@frecuenciaalterna.com

17 de mayo, Día Internacional de Lucha Contra la Homofobia.

La homosexualidad es causa de discriminación en casi todo el mundo
En al menos ochenta países es perseguida por la ley y en algunos lugares
como Arabia Saudita e Irán, puede llegar a castigarse con la muerte.

Letra S


En los cimientos mismos de Occidente está la lucha contra la “carne”. Cuanto tenga que ver con carne es pecado, desde que los antiguos gnósticos le enseñaron a Platón cómo se dividía el hombre en cuerpo (caballo negro) y alma (caballo blanco), pasando por la llegada de su discípulo cristiano San Agustín, quien consideraba perverso cuanto fuera placer, hasta el agustiniano Benedicto XVI que ve aterrado cualquier idea laica del mundo. En realidad, los enemigos del alma (mundo, demonio y carne, para el catecismo) son uno solo: carne. Por eso carnaval significa “quitar carne” (en latín carne levare) y con esa palabra se ha designado la entrada de la humanidad en los dos mil diez años de cuaresma occidental.

La ironía ha hecho que justamente la palabra carnaval designe la fiesta de la carne. Aunque sea por unos días, Don Carnal se ríe de Doña Cuaresma. Y el carnaval se ha metido de lleno en cualquier manifestación estética, incluido desde luego el teatro, desde la Edad Media hasta nuestros días. Está en el teatro formal y, sobre todo, en manifestaciones espontáneas como esas tomas de calles que no se circunscriben a los tres días que preceden la Cuaresma.

La Marcha del Orgullo Gay sólo podía ser un carnaval. Es la recuperación de una carne humillada por indigna, la carne prohibida de los homosexuales que aterra porque invierte las formas más íntimas de relación humana. Todo carnaval ha sido tradicionalmente una inversión: el rey Momo y su corte que juega con los espejos a la manera del esperpento valleinclanezco.

El primer grito de liberación gay, allá en Stonewall, ya fue carnavalesco: los travestis venciendo a taconazos a policías neoyorkinos incapaces de creer que los humillados los humillaran y los abofeteados los abofetearan. De ahí en adelante las Marchas del Orgullo Gay siempre se han entendido como carnavales.

17 de mayoMás que en sus discursos políticos y en sus pancartas, siempre necesarios a fin de cuentas, su fuerza revolucionaria y subversiva radica en ser un carnaval que se extiende ante la mirada cada vez menos atónita de los transeúntes. También en eso radica el triunfo: en que los socialmente invisibles se hagan visibles en sus formas más inverosímiles y, a fuerza de visibilidad, se vuelven cotidianos.

El siguiente paso consiste en erradicar las normas homófobas para alcanzar también la normalidad. Ello no se logra simplemente en carnavales, pero el carnaval mina las estructuras de poder a fuerza de mostrar cuán ridículas pueden ser. En España, por ejemplo, donde se organizó una contramarcha para impedir los matrimonios homosexuales, la presencia de los grandes jerarcas no pudo dejar de ser también carnavalesca.

En nuestro país, no. El discurso de la homofobia cantado, gritado y rezado por una jerarquía no menos impresentable, encuentra tierra fértil para el crimen. Aquí la fiesta de la carne se mancha de sangre y de sangre inocente.

Días antes de la Marcha del Orgullo Gay del 2005, en Querétaro, en una condonería con nombre festivo que deseaba celebrar la alegría de vivir, “De colores”, fue asesinado por una pandilla de homófobos un muchacho de 28 años, psicólogo, entregado a ayudar a vivir sin miedo una condición que no tiene por qué ser un insulto.

De seis puñaladas, Octavio Acuña Rubio fue asesinado por criminales que nada se robaron. No eran ladrones, eran sólo verdugos. Cumplían los deseos de una sociedad que asume la decencia del discurso homófobo. Sicarios de los bienpensantes. Aunque nadie les pague, reciben su salario en un odio saciado. En la horrible dulzura que para ellos seguramente tiene la venganza contra quien se atreve a promover condones cuando el Papa y los obispos alzan la voz en contra.

En las distintas marchas del Orgullo Gay ha estado presente la memoria de Octavio Acuña Rubio, y lo seguirá estando en la indignada protesta contra ese crimen. Una protesta que sólo concluirá cuando se haga justicia, y justicia pronta, no como décadas después se ha hecho contra el públicamente impune “reverendo” racista que asesinó a los muchachos de Mississippi en llamas. Pero esa protesta y ese luto deben ser también fiestas de la carne: “De colores”, como él quería. Debemos continuar sonriendo y ganando espacios en una sociedad que se suicida cada vez que se mancha las manos de sangre.

El discurso de la homofobia, lo pronuncie quien lo pronuncie, viola derechos humanos elementales. Es un crimen, que cada vez queda más claro. Es una invitación al linchamiento. No, la homofobia no es un chiste, por ridículos que resulten los homófobos.

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