Esta guía va de culo…
15 enero, 2012 – 2:58 PM | Sin comentarios

En esta guía encontrarás todo lo que nunca te han contado sobre tu culo: con un diseño y presentación atrevidos, esta guía trata sobre esa parte de la anatomía masculina y también se incluyen informaciones que van desde lo más físico o anatómico a lo cultural y psicológico.

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Viento y el pequeño pez

Escrito por el 7 abril, 2010 – 6:00 AM5 Comentarios
Viento y el pequeño pez

roQ (07/abril/2010)
roq@frecuenciaalterna.com

“Evoco mis pasados para saturarlos de memorias futuras…
de concepciones nuevas, de los cambios que soy ahora” ioet / 2010

Hay días que se repetirán y hay cambios que se dan siempre ayer.

En una casa vieja, armada desde sus bases con láminas, maderas, fierros; bien lograda vieja casa, esquinada; con un jardín como los que rebotan la brisa por las mañanas, que enjuagan los días de ayer con rocío matutino; se despierta.  Se disipó la ansiedad, acomodándose una tranquilidad como aquella que recorre segundos por momentos, uno a uno y que se atiborran, en ayeres.

De la mano de Eva caminó  por las calles mojadas que dirigían a su departamento. Bajando escaleras, subiendo pasillos, pagando boletos, circulando torniquetes, atestiguando sonidos agudos que indican cierre de puertas, entre murmullos ajenos de temas inconclusos, olores comerciales, brisas y perfumes pesados. Sin soltarla en ningún momento, llegaron a los cedros. En el marco de la puerta una despedida casi fugaz, con tan sólo una pregunta, y un beso demasiado rápido.

El sonido torpe de la cerradura enmarcó su regreso, la humedad de la estancia hacía hincapié  en su deseo de recostarse, esa cama demasiado blanda, gran ventana que descubre noches que hacían compañía. Se durmió.

Lineas… soy una línea dibujada, soy sólo eso cuando me encuentro, soy un cuento que escribo y borro, soy una palabra que no digo por pensarla más, me opresionan las ganas y los sueños. Entre caminos abiertos, la línea continua que no desdibuja, sino se reafirma y reconstruye lo que no ha sido, lo que posiblemente no será.

De lo que es pensado, en repitiendo una y otra vez la misma línea, ya no dibujada, ésta escrita, con versos y cadencias, en almas apaciguadas por cansancios continuos, diarios escritos, diarios momentos.

Como si fueran a contrapunto, los latidos de un corazón que no reconoce un ritmo, que se dice a sí mismo adiós y se sorprende conduciendo en carretera, alejándose de lo que teme.

Construyéndose a partir de lo que teme.

La línea se dibuja punto a punto, en dirección frontal y corta de seco a la derecha, entonces desciende abruptamente y describe una parábola sesgada en horizontal, velozmente retoma la dirección y se perfila al vacío. Esta línea se detiene, inmóvida, alúcida, ignórida, amnésica y se atemoriza, entonces se describe de un lado a otro y grita, y llora y corre y se detiene y se regresa y monta en sí misma y se enmarca en sus costados. Sin borrarse a sí, para entonces verse tal cual, imborrable, incorruptible, verde en profundo, en fuego cénico, entonces se ve planta eléctrica en el vacío, en el espacio, entre el tiempo de lo que fue y ha sido, dormida tierna en los brazos tibios, la luz del sol que se refleja en el rostro, un sueño que aún no se ha soñado…/

Un par de veces cada quince días, como hoy, se despertaba en madrugada para acompañar entonces a la desvelada ventana que contemplaba la noche vacía. En éste seca. El encanto particular que sentía al prender esa pequeña lámpara que alumbraba de manera peculiar el escritorio en el que había escrito tantos olvidos.

ContornosPensó en su discurso y escribió de un tiro la idea primera que le pasó por la cabeza. Se puso de pie a la ventana, esta reflejaba sutilmente los contornos de un cuerpo casi desnudo. Se miró a los ojos y se sintió en vacío. Respiró hondo. –Me abandono–, dijo.

–Acércate–, le dijo ella. –Te siento diferente–. Se habían acostumbrado a no hablar de otra cosa que no fuera de literatura, de relatos mágicos, lejanos, antaños, todo les parecía ayeres cuando no platicaban sobre las formas dormidas de palabras mudas o palabras estridentes. –Ok, sólo te siento diferente-, concluyó, para no sumergirse más allá de lo que su respiración en ese pozo de vacíos permitiera.

–Anda, platícame de que escribiste, sólo pones esa cara cuando te desvelas–.

–Es un cuento, escribí  pensando en tu hermano–, dijo. ¿Porqué en mi hermano y no en mí?, pensó.

–Cuéntame–. Inclinando la cabeza un poco, y entrecerrando la mirada instó ella.

–Va sin título. Ésta es la historia de una habitación, una que contenía una pecera que a la vez contenía un pez, este pez, era muy especial porque no necesitaba agua para vivir. Así pues, su recamara, acomodada de manera particular, que contiene muebles y cosas de humanos…

–¿Cosas de humanos?–, interrumpe mientras ríe modestamente, tras una pequeña pausa, prosigue. –Anda, ¿qué más?

Un respiro leve, casi suspiro, rellena los pulmones al fondo, de manera suave. Entonces exhala  modesto y prosigue. -Vaya, que el pez no necesita agua para vivir y no he podido seguir en eso. Entonces la chica ríe exasperadamente.

–Mujer, pues es el cuento más corto que te has inventado, me parece excelente–. Ella sonríe modestamente y concluye. –En fín, es sólo la idea principal, quiero desarrollarlo para Juan el tipo de la editorial. –Pero Juan es un papanatas. –Ya sé, pero necesito publicar un texto si quiero concursar por un lugar en la escuela de letras. –Nunca has necesitado escuelas– dijo ella. –Ven, tócame–.

Al acercarse la excitación fue momentánea, casi nula, entonces sus manos recorrieron su cuerpo, examinándolo cada milímetro, primero como de costumbre, paso a paso como la repetición y el ensayo que dictan caminos, después empezando de nuevo, improvisando, tocando las texturas, invadiendo todas las comisuras. Le sugería toda aquella tarea el ejercicio de escuchar su voz en un grabador, esa voz ajena que contiene reproducciones fonéticas. A la distancia del tiempo habían logrado que reconociera su voz, en un contexto externo, primero reconociéndola como algo ajeno, y después estando consiente le la disparidad tonal que habitaba en su cabeza. En este caso, diferente poco, matizado incluso, obtenía la información física y gráfica de lo que no había obtenido de ningún otro recurso, que tan suaves eran las formas de sus senos, que tan tibio eran los espacios de su sexo, que tan claro su olor.

–Espera, un momento– dijo ella. Me sorprende la cantidad de lunares que tienes, mira–, estirando la mano como una pluma de tinta liquida y dijo, –te apuesto que son más de cincuenta–. y permaneciendo inmóvil, uno a uno se fueron dibujando las uniones de aquellos lunares impares de toda su anatomía. Terminado el trabajo dijo. –¡89!–.

De regreso en casa el cuerpo aún a rayas de pies a cabeza permaneció en desnudes ante el reflejo de la ventana. –¿Qué constelación sería yo entonces? me siento como un universo inverso que se deconstruye entre constelaciones de estrellas. Ahora estoy tan lejos de todo–. Vio una hoja de papel.

El padre casi nunca está, ella contesta casi siempre a la menor provocación, era entonces cuando se percataba de que habían ya pasado cinco días desde su último encuentro.

De regreso a casa encontró una carta:

Viento

…Es momento de desatar los nudos, he decidido partir, aquí ya no me siento diferente, ya éste lugar no es más. Te dejo el cuento que he empezado pensando en tu hermano, pero que he concluído para ti…

Gracias por todo

Karla.

Un pezEl pequeño pez”

Era una pecera que contenía un pez, y ese pez era muy particular pues no necesitaba agua para vivir.

Así  la pecera, cómodamente arreglada, simulaba una habitación muy humana. Un día,  Felipe llevó a

un amigo a su casa para jugar. Raúl, el amiguito, sorprendido observó  al pez y, después de analizar

la situación un rato le dijo directamente. -¡Que tonto eres! ¿Sí no necesitas agua para vivir, por qué

vives encerrado en una pecera?-. Felipe no supo cómo defender a su pez y los dos se quedaron con la

boca cerrada.

Para las dos de la mañana, el pez, se dispuso a reacomodar de tal manera sus pertenencias para

utilizarlas como intermediarias para salir. Una vez fuera, respiro profundo y se sintió, muy feliz,

independiente. Acto seguido fue devorado por un gato llamado Roberto.

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Xoc dice:

Ja!Despues de leer tu cuento me puse a unir con rayas los lunares de mi brazo y me dí cuenta q bastantitos tengo también

buen trabajo!

roQ dice:

Que bonita interpretación, gracias por leerme y comantarme =)

eU dice:

La libertad se vive dentro de uno mismo.

muy lindos escritos e ilustraciones =)
felicidades ioet